¿Síndrome postvacacional?

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Publicado por Domingo Descanso para Crónicas de Villatortas del Sordete.es

Tras las vacaciones nos toca reincorporarnos a la rutina de nuestro trabajo. Hay quien etiqueta a la readaptación a los horarios de trabajo  como de depresión o síndrome postvacacional, aunque yo diría que más bien habría que hablar de un problema de capacidad de adaptación y que afecta de forma diferente a cada persona en la medida de la satisfacción personal que cada uno tiene en su puesto de trabajo.    En esa readaptación me encuentro yo en estos días.  Después de una semana preparando la mudanza a un nuevo piso, ahora toca dejar de trasnochar y de levantarse a las tantas para comer a la hora que me apetezca. No queda más remedio que acostumbrarse de nuevo al horario de trabajo, aunque de momento llegues en plan sonámbulo hasta tu silla en la oficina y después te pongas en plan cerebro de besugo mirando a la pantalla durante unos minutos hasta que el inconsciente, que está bien inconsciente se despierte,  dec…

La última carta para Claire (II parte )

      Cae la tarde, y los soldados que se han quedado en el poblado en ruinas han hecho un pequeño fuego con algunos trozos de madera que han encontrado esparcidas entre algunos escombros. El capitán invierno y su gran aliado el hambre han causado demasiadas bajas en las tropas francesas, más que las que haya podido causarles el enemigo. El grueso de la tropa que marchó a primera hora de la mañana supondrá un alivio para el Mariscal Berthier, que se encuentra a pocos kilómetros de allí. La artillería rusa ha parado de disparar de momento, lo que supone un cierto alivio, pero el frío es cada vez más intenso, y ha comenzado a nevar nuevamente, ya ni el fuego puede aliviar a este puñado de hombres casi moribundos.
    Empieza a anochecer, el joven teniente Pierre cada vez se encuentra peor, saca de su guerrera un  pequeño retrato de su prometida Julie, la mira y besa su rostro como si le fuera la vida en ello. Al cabo, se dirige a su amigo Jean-Paul y le pregunta si alguna vez ha estado enamorado de verdad. Jean-Paul le mira sorprendido por la pregunta y le contesta que sí que pero que ya le da igual, de todos modos ella no cree que le corresponda, que quizás ahora ya está casada. Pierre le mira y le dice que sabe de quién le está hablando, le dice que no se engañe, que quizás ella si le corresponda pero que debido a ciertos intereses estúpidos entre familias poderosas han hecho que se prometa a un hombre que no la merece. Jean- Paul, se queda sorprendido sin saber qué decir, solo le pregunta que cómo sabe él quién es ella, a lo que Pierre le contesta por la forma en que miras a Claire, mi hermana, apostaría mi vida a que es ella ¿no es eso cierto, amigo? Jean-Paul no le queda otra que confesar, y le dice que ha escrito una carta para ella confesándole su amor, necesitaba hacérselo saber, sobre todo ahora que ya presentía que su fin estaba cerca, que quizás ya no tuviese otra oportunidad para verla, quería gritarlo....sí necesitaba decirle lo mucho que la amaba.
    El sargento Richard Labelle acaba de llegar con más trozos de madera para poder tener algo más de calor, son los últimos trozos que ha encontrado, quizás no sirvan para nada, pero al menos tendrán un poco más de calor en esta gélida noche que les espera. Algunos soldados acaban de fallecer a causa de las heridas y del frío, otros ya no pueden más a causa del hambre y salen en busca de algo que comer, pero al cabo de un rato vuelven sin nada que llevarse a la boca y apenas tienen fuerzas para buscar algo. Jean-Paul mira a su amigo, que está abrazado al retrato de Julie, parece muy pálido, está frío como el mármol, no puede ser... Pierre está muerto. Jean-Paul toma su guerrera y se arropa con ella, intenta dormir, pero el frío no le deja, al cabo de un rato ve una luz muy intensa y brillante, en el centro se adivina la forma de una mujer que avanza hacia él, su rostro le parece familiar..y esa sonrisa...es su madre que le sonríe con los brazos abiertos, empieza a comprender que ahora ha llegado su hora como antes le llegó a Pierre. 

    Tres meses después, acaba de llegar un correo al Palacete en el que reside Claire, en esos momentos está con su madre tomando un café, al abrir el enviado le entrega dos cartas. Entra en la casa y se dispone a leer la primera carta en la que se asegura que su hermano ha fallecido en zona rusa junto a muchos de sus hombres. Claire abraza a su madre entre lágrimas destrozadas por tan triste noticia, su madre le pregunta que de quién es la otra carta y Claire la mira y ve que es de Jean-Paul, la mira y lee mentalmente la carta, y no puede más que seguir llorando pues se trata de la declaración de amor del hombre de quién estaba secretamente enamorada. Claire le dice a su madre que es de Jean- Paul, que la debió escribir antes de que partiera el correo, y que habla de que estaban heridos y sin comida, quizás su familia sepa ya tan amarga noticia. Claire le comenta a su madre que le gustaría irse un tiempo a Suecia con su tía Florence, que necesita estar sola. Su madre la anima, pues sabe que su hija no es feliz, que desde que se casó no es la misma, ha perdido su alegría. 


Claire manda hacer el equipaje para marcharse ahora que su marido, un pariente del mismísimo Napoleón se encuentra de viaje a Madrid, de visita a su tío José Bonaparte. Aprovechará para huir, si huir de un ser mezquino y egoísta, ya no aguanta más y ahora menos desde que sabe que podía haber sido feliz junto a un hombre que la amaba de verdad y no para establecer alianzas de ningún tipo. Se marchará con su tío Charles Bernardotte ahora rey de Suecia, allí se sentirá protegida y nadie podrá evitar que sea feliz.

Comentarios

  1. Lástima de tantas vidas perdidas por las ambiciones de poder... También las ilusiones truncadas, el amor roto sin consuelo...

    Bello relato aunque tenga ese final triste... retrata muy bien la realidad que pudo ser, porque las historias como estas suelen acabar así, la guerra no es misericorde ni con el amor ni con ningún sentimiento.

    Besos

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  2. Como me dijiste que continuara la historia, pues yo te hice caso. Y aunque he revisado las faltas de ortografía tal y como me aconsejaste, siempre hay alguna que se desliza y que descubro cuando ya la he publicado.

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