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Mostrando entradas de octubre 16, 2011

Soñando mariposas

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Hace tiempo que rompí con la inspiración, discutimos  acaloradamente, dio un portazo y me abandonó. Cariacontecido y melancólico yo me sumí en un eterno letargo. Pero hoy algo sucedió, me quedé parado de repente extasiado mirando el amanecer teñido de colores ocres fantasía de una ciudad acariciada por el sol. De repente miles de mariposas revoloteaban a mi alrededor y jugueteando traviesas con sus alas me acariciaban el corazón.
Aspiré la brisa olor a azahar  y en el cielo surcando el horizonte en globo un  delfín y un elefante me saludaron los dos. Las nubes de algodón de azúcar bailaban alegres haciendo un corro alrededor del sol. 
Al despertarme de este hermoso sueño miré mi escritorio, en él dormían unos folios escritos en verso y un dibujo de un delfín y un elefante blanco en globo y miles de mariposas bailando a su alrededor.

Pienso, luego me llevo dos collejas

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Vivía en Mérida, en la calle San Deciano, y era la hora de comer. Mis amigas, dos hermanas mellizas, se habían ido a su casa, pero yo me quedé en la calle, debía tener por aquél entonces unos cuatro años, y me puse a caminar con mis manitas a la espalda muy concentrada en mis pensamientos. Recuerdo que andaba de un lado a otro de la calle, en la que había una zona dedicada a juego y cuando llegaba la feria de Mérida, esa zona se usaba como pista de baile. En esto que andaba yo de un lado a otro, me llama uno de mis hermanos para que subiera a comer, y yo ni corta ni perezosa le espeto con un ¡ahora voy que estoy pensando! Al cabo de un rato, vuelve a llamar otra vez, segundo aviso, el hermano siempre llama dos veces, a la tercera seguro que la que sale es tu madre y verás la que te espera. Bueno, pues ni flores, yo a lo mío, piensa y camina. A la tercera vez, la que se asoma es mi madre que solo con pronunciar mi nombre, me saca de mis pensamientos filosóficos de tan bello momento, y …

La última carta para Claire (I parte).

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Miles de soldados han cruzado el río Niemen asediados por las tropas rusas, la falta de víveres y el crudo invierno ruso empieza a hacer estragos en las tropas francesas, quienes tienen que luchar contra el hambre, los síntomas de congelación, el abandono de los aliados y las tropas rusas. Para paliar el hambre sólo les queda sacrificar la caballería, con lo que el movimiento de las tropas cada vez es más lento.Hay muchas bajas en el ejército francés, cada vez es mayor el desánimo entre los soldados quienes sufren en sus maltrechos cuerpos los efectos del hambre y del frío. En una trinchera en una localidad cercana al río Niemen se encuentra el grueso del ejército francés. Ya entrada la noche, hacen fuego para poder entrar en calor y comer lo poco que les queda. Es una noche gélida y es difícil soportar esas temperaturas, a pesar del fuego no logran entrar en calor, ni tan siquiera haciendo uso del fuego, ni usando los abrigos de los soldados que van muriendo a causa de las heridas, …