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Mostrando entradas de julio 15, 2012

El viaje de un pequeño gorrión.

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Ven a la ciudad me dijeron, allí la vida es mucho más alegre. La ciudad está llena de vida, de colores inimaginables. En los parques,los niños corren alegremente y dan de comer a las aves que habitan en ellos.      Mi tío Renato, un gorrión presumido y altanero, que se jactaba de vivir cómodamente en la ciudad, hablaba de mil y una aventuras. De como al anochecer la ciudad se vestía de luces de todos los colores, de los deliciosos manjares que  había degustado, de la música, de tantas cosas bellas que ardía en deseos de conocer, y no lo dudé ni un segundo.    Después de discutirlo durante mucho tiempo con mis mayores, tomé la firme decisión de emprender el viaje al paraíso..... o al menos, eso creí yo.      Antes de llegar al destino soñado, pasé por algunos pueblos en los que conocí a otros gorriones jóvenes como yo.Y fue así como conocí a mis tres compañeros de viaje.
 Al igual que yo habían oído hablar de las maravillas de la gran ciudad. Así que proseguimos el viaje juntos.
      Despu…

Santa Eulalia de Mérida

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Hoy le voy a dedicar la entrada del blog a Santa Eulalia de Mérida, patrona y alcaldesa perpetua de la ciudad. Recuerdo haber visitado el hornito de Santa Eulalia en Mérida en varias ocasiones, siempre en compañía de mi madre, que era muy devota de la mártir. Y confieso que siempre me llamó la atención la valentía de esta niña de tan solo 12 años para enfrentarse al poder de la época y a sus injustas e inhumanas leyes. 
 Santa Eulalia nació en Mérida (entonces Emérita Augusta) allá por el año 292, en el seno de una rica y patricia familia de la Mérida Romana. En esa fecha se aprobó un Decreto del  Emperador Diocleciano por el que se prohibía a los cristianos dar culto Jesucristo, y les imponía el deber de adorar a los dioses romanos. Y todo aquel que no cumpliera el decreto sería condenado a morir. La niña se propuso protestar ante las autoridades de la época, así que sus padres la trasladaron a una villa que poseían en el campo para evitar males mayores.     Una noche silenciosa y os…

En el nombre de la fe

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Embarqué a Tierra Santa con la misión de proteger a las caravanas de los peregrinos y preservar los lugares sagrados de las garras de los infieles; al menos eso me dijeron. En nombre de nuestro Señor, nos comprometimos con tan encomiable misión. Henchido de la vanidad y el orgullo propios de la juventud, me armé de valor y decidí unirme a las milicias que se estaban formando para viajar a Tierra Santa. Caballero de la Orden del Temple me ordenaron, y con orgullo porté mi reluciente armadura y las enseñas propias de la Orden. Pronto me encontraría en el puerto del que habría de partir en pocas horas, allí miles de almas inflamadas de valor y coraje emprenderíamos nuestro viaje a las Cruzadas, a combatir a los infieles que amenazaban las rutas comerciales y las caravanas de peregrinos.
      El viaje se me antojó eterno, no exento de peligros. Varias tormentas nos acecharon con virulencia, hubo una noche en la que la llegamos a temer por nuestras vidas. Luego al despuntar el día, llegó …