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Mostrando entradas de julio 15, 2012

Doradas a la sal y salsas para acompañar a las doradas

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NOTA: esta receta se puede hacer con lubina, dorada y  con lisa o mújol. Y se les puede acompañar con patatas, verduras o con lo que mejor gustéis. Si quieres imprimir esta receta está disponible en:https://www.facebook.com/algomasquecuento
Ingredientes (para cuatro personas)4 doradas de 400 g. aprox. -sal para cocinar al horno (suelen ser de dos kilos y se venden en cualquier supermercado). Preparación:
   Colocamos las doradas enteras (con su piel) en una bandeja de horno cuyo fondo esté cubierto de la sal. Un truco para que no tengamos luego que pasarnos mucho tiempo limpiando sería cubrir previamente la bandeja con papel de horno y luego cubrirlo con la sal.    A continuación, cubrimos los pescados con el resto de la sal, pero atentos, tenemos que dejar el ojo del pescado al descubierto, pues cuando el ojo se ponga blanco eso nos indicará que el pescado ya está hecho.


   Una vez que lo tenemos cubiertos, lo entramos en el horno que lo habremos pre-calentado previamente, y lo pondremos a

Santa Eulalia de Mérida

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Hoy le voy a dedicar la entrada del blog a Santa Eulalia de Mérida, patrona y alcaldesa perpetua de la ciudad. Recuerdo haber visitado el hornito de Santa Eulalia en Mérida en varias ocasiones, siempre en compañía de mi madre, que era muy devota de la mártir. Y confieso que siempre me llamó la atención la valentía de esta niña de tan solo 12 años para enfrentarse al poder de la época y a sus injustas e inhumanas leyes. 
 Santa Eulalia nació en Mérida (entonces Emérita Augusta) allá por el año 292, en el seno de una rica y patricia familia de la Mérida Romana. En esa fecha se aprobó un Decreto del  Emperador Diocleciano por el que se prohibía a los cristianos dar culto Jesucristo, y les imponía el deber de adorar a los dioses romanos. Y todo aquel que no cumpliera el decreto sería condenado a morir. La niña se propuso protestar ante las autoridades de la época, así que sus padres la trasladaron a una villa que poseían en el campo para evitar males mayores.     Una noche silenciosa y os…

En el nombre de la fe

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Embarqué a Tierra Santa con la misión de proteger a las caravanas de los peregrinos y preservar los lugares sagrados de las garras de los infieles; al menos eso me dijeron. En nombre de nuestro Señor, nos comprometimos con tan encomiable misión. Henchido de la vanidad y el orgullo propios de la juventud, me armé de valor y decidí unirme a las milicias que se estaban formando para viajar a Tierra Santa. Caballero de la Orden del Temple me ordenaron, y con orgullo porté mi reluciente armadura y las enseñas propias de la Orden. Pronto me encontraría en el puerto del que habría de partir en pocas horas, allí miles de almas inflamadas de valor y coraje emprenderíamos nuestro viaje a las Cruzadas, a combatir a los infieles que amenazaban las rutas comerciales y las caravanas de peregrinos.
      El viaje se me antojó eterno, no exento de peligros. Varias tormentas nos acecharon con virulencia, hubo una noche en la que la llegamos a temer por nuestras vidas. Luego al despuntar el día, llegó …