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Mostrando entradas de julio 15, 2012

¿Síndrome postvacacional?

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Publicado por Domingo Descanso para Crónicas de Villatortas del Sordete.es

Tras las vacaciones nos toca reincorporarnos a la rutina de nuestro trabajo. Hay quien etiqueta a la readaptación a los horarios de trabajo  como de depresión o síndrome postvacacional, aunque yo diría que más bien habría que hablar de un problema de capacidad de adaptación y que afecta de forma diferente a cada persona en la medida de la satisfacción personal que cada uno tiene en su puesto de trabajo.    En esa readaptación me encuentro yo en estos días.  Después de una semana preparando la mudanza a un nuevo piso, ahora toca dejar de trasnochar y de levantarse a las tantas para comer a la hora que me apetezca. No queda más remedio que acostumbrarse de nuevo al horario de trabajo, aunque de momento llegues en plan sonámbulo hasta tu silla en la oficina y después te pongas en plan cerebro de besugo mirando a la pantalla durante unos minutos hasta que el inconsciente, que está bien inconsciente se despierte,  dec…

Santa Eulalia de Mérida

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Hoy le voy a dedicar la entrada del blog a Santa Eulalia de Mérida, patrona y alcaldesa perpetua de la ciudad. Recuerdo haber visitado el hornito de Santa Eulalia en Mérida en varias ocasiones, siempre en compañía de mi madre, que era muy devota de la mártir. Y confieso que siempre me llamó la atención la valentía de esta niña de tan solo 12 años para enfrentarse al poder de la época y a sus injustas e inhumanas leyes. 
 Santa Eulalia nació en Mérida (entonces Emérita Augusta) allá por el año 292, en el seno de una rica y patricia familia de la Mérida Romana. En esa fecha se aprobó un Decreto del  Emperador Diocleciano por el que se prohibía a los cristianos dar culto Jesucristo, y les imponía el deber de adorar a los dioses romanos. Y todo aquel que no cumpliera el decreto sería condenado a morir. La niña se propuso protestar ante las autoridades de la época, así que sus padres la trasladaron a una villa que poseían en el campo para evitar males mayores.     Una noche silenciosa y os…

En el nombre de la fe

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Embarqué a Tierra Santa con la misión de proteger a las caravanas de los peregrinos y preservar los lugares sagrados de las garras de los infieles; al menos eso me dijeron. En nombre de nuestro Señor, nos comprometimos con tan encomiable misión. Henchido de la vanidad y el orgullo propios de la juventud, me armé de valor y decidí unirme a las milicias que se estaban formando para viajar a Tierra Santa. Caballero de la Orden del Temple me ordenaron, y con orgullo porté mi reluciente armadura y las enseñas propias de la Orden. Pronto me encontraría en el puerto del que habría de partir en pocas horas, allí miles de almas inflamadas de valor y coraje emprenderíamos nuestro viaje a las Cruzadas, a combatir a los infieles que amenazaban las rutas comerciales y las caravanas de peregrinos.
      El viaje se me antojó eterno, no exento de peligros. Varias tormentas nos acecharon con virulencia, hubo una noche en la que la llegamos a temer por nuestras vidas. Luego al despuntar el día, llegó …