Doradas a la sal y salsas para acompañar a las doradas

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NOTA: esta receta se puede hacer con lubina, dorada y  con lisa o mújol. Y se les puede acompañar con patatas, verduras o con lo que mejor gustéis. Si quieres imprimir esta receta está disponible en:https://www.facebook.com/algomasquecuento
Ingredientes (para cuatro personas)4 doradas de 400 g. aprox. -sal para cocinar al horno (suelen ser de dos kilos y se venden en cualquier supermercado). Preparación:
   Colocamos las doradas enteras (con su piel) en una bandeja de horno cuyo fondo esté cubierto de la sal. Un truco para que no tengamos luego que pasarnos mucho tiempo limpiando sería cubrir previamente la bandeja con papel de horno y luego cubrirlo con la sal.    A continuación, cubrimos los pescados con el resto de la sal, pero atentos, tenemos que dejar el ojo del pescado al descubierto, pues cuando el ojo se ponga blanco eso nos indicará que el pescado ya está hecho.


   Una vez que lo tenemos cubiertos, lo entramos en el horno que lo habremos pre-calentado previamente, y lo pondremos a

Maruxa y el mar

   Sobre mitos y leyendas, así empieza el tema que prepara Ana para la edición de fin de semana del diario para el que trabaja. Como tema central ha elegido el mar, una historia que tenga algún nexo con su tierra. Está algo bloqueada, por lo que decide ir a dar un paseo. Se acerca a una cafetería dónde suele habitualmente quedar con sus amigas, pero se lo piensa mejor y decide visitar a su abuela que vive a no pocos metros de allí. Ella seguro que tiene alguna idea. Tras charlar con ella, sobre el mar, su abuelo y alguna de las historias que le contaba de pequeña decide volver a casa para ponerse a trabajar.
  "Cuenta una vieja leyenda que una pequeña, de nombre Maruxa, cada mañana acompañaba a su madre a la playa. Mientras su madre se dedicaba a la labor del marisqueo con otras mujeres del pueblo, la pequeña correteaba por la orilla del mar jugando feliz con las olas.  Chapoteaba con sus pies descalzos empapando de agua sus ropas, de manera que cuando llegaba a casa su madre tenía que cambiarla y ponerle ropa seca. Su tez blanca iba tomando un aspecto dorado a causa de los días en la playa, su pelo castaño y rizado era motivo de queja cuando su madre la peinaba cada mañana. Tenía una mirada viva,  un  carácter travieso y alegre, pero siempre obediente y atenta. 
    Maruxa fue creciendo y el mar cada mañana la sorprendía con un bonito regalo. Conchas de colores que la niña iba recogiendo para hacer collares. Pronto se transformó en una bella joven, ya no tenía tanto tiempo para jugar como entonces. Ahora debía trabajar ayudar a su madre a marisquear para contribuir a la economía familiar. Cuando el mar sentía su presencia cerca de la orilla empujaba con fuerza sus aguas para acariciar suavemente sus pies con una ola. Maruxa agradecida andaba sobre las olas sonriendo feliz aspirando su aroma. A lo lejos un pequeño barco de vela comenzó a faenar, se alejaba de vez en cuando, pero volvía allí cada mañana. Maruxa lo miraba atenta, allí iba José un joven bien guapo. 
  Con el tiempo, Maruxa y José se hacen novios, el mar celoso se pone bravo y, con fuerza desmedida, mueve zarandeando con furia sus aguas y deshaciendo en pedazos todo cuanto encuentra a su paso. 
   José ha salido esta mañana a faenar con su barco, las aguas parecen quedas, pero no sabe que el mar lo está esperando. Pasa parte del día  faenando, pero al llegar Maruxa y las marisqueadoras el mar en celos se enciende y golpea con desatada violencia aquel pequeño barco. José se debate en desigual lucha, contra el mar cruel y desatado. No le quedan fuerzas y apenas quedan piezas vivas en el barco. En la orilla Maruxa llora y maldice a ese mar ingrato. Las mujeres que la acompañan se la llevan en un mar de llanto.
   Maruxa vuelve su rostro mirando al mar y lo maldice, el mar se torna de un negro de espanto y golpea las rocas con furia partiendolas en pedazos. "La costa da morte", la llaman por su mar tan fiero y tan bravo. Maruxa jura no pisar jamás el mar y se marcha con el corazón hecho pedazos."

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