¿Síndrome postvacacional?

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Publicado por Domingo Descanso para Crónicas de Villatortas del Sordete.es

Tras las vacaciones nos toca reincorporarnos a la rutina de nuestro trabajo. Hay quien etiqueta a la readaptación a los horarios de trabajo  como de depresión o síndrome postvacacional, aunque yo diría que más bien habría que hablar de un problema de capacidad de adaptación y que afecta de forma diferente a cada persona en la medida de la satisfacción personal que cada uno tiene en su puesto de trabajo.    En esa readaptación me encuentro yo en estos días.  Después de una semana preparando la mudanza a un nuevo piso, ahora toca dejar de trasnochar y de levantarse a las tantas para comer a la hora que me apetezca. No queda más remedio que acostumbrarse de nuevo al horario de trabajo, aunque de momento llegues en plan sonámbulo hasta tu silla en la oficina y después te pongas en plan cerebro de besugo mirando a la pantalla durante unos minutos hasta que el inconsciente, que está bien inconsciente se despierte,  dec…

La huida

Nubes de ceniza,
 el viento airado
mece violento
todo lo que encuentra a su paso.
Corre sin descanso,
entre peñas y matojos
sendero abajo
con los pies descalzos.
Una bruma de desesperación
le ahoga el pecho,
ahora o nunca
y sigue sin descanso.
El miedo sobre los hombros,
el corazón palpitando
una jauría enfurecida 
tras sus pasos.
Serpenteante el sendero,
jadeando de cansancio;
las piedras, en los pies
y en alma se van clavando.
La niebla de la mañana,
como humo gélido
penetra en su cuerpo
a la vez que la ocultan
como un blanco velo.
Los oye,
si, están ahí
cada vez más cerca,
pero no puede verlos
porque su miedo la ciega.
Y ella corre,
corre cada vez más rápido,
y la maleza a jirones
su vestido desgarra,
convirtiéndolo en harapos.
En sus muñecas
las cadenas pesan
y los pies ya hinchados
sangran sin compasión;
el dolor la va quebrando.
Y al llegar al precipicio
oye a sus captores 
que la van cercando.
Es ahora o nunca,
mirando al infinito
cierra los ojos
y se lanza al vacío
precipicio abajo.
El mar la recibe
acunándola en sus brazos,
y una sensación de paz 
le envuelve; ya está a salvo.
Una luz la ciega,
unos ojos la están mirando;
el calor vuelve a su cuerpo,
alguien la está curando.
Al volver en sí, 
descubre una anciana
que la sonríe
y le habla en un lenguaje extraño.
Pero eso no le importa,
ahora está feliz
en una tierra extraña,
pero libre al fin y al cabo.


Comentarios

  1. Libertad a cualquier precio? Supongo que en determinadas circunstancias, sí, no?

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    1. Sí, en algunas sí. Pensemos en ciertas situaciones en las que te rebajan como ser humano y te convierten en nada..

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  2. La vida y sus injusticias, que nos atenazan y amordazan, que nos cortan las alas y nos convierten en esclavos de la vida misma. ¡Cuántas veces he sentido algo similar a lo que cantas en tu poema! Porque la vida no es fácil ni nos la ponen fácil, sin embargo no nos queda más remedio que luchar, que hacer frente a las adversidades y a todos aquellos que intentan coartar nuestra “libertad”. Libertad, entrecomillada porque en este mundo que nos ha tocado vivir nunca seremos libres y siempre estaremos encadenados por un sistema que nos coacciona y nos estrangula. Sí, Isabel, yo también he huido intentando dejar atrás mis fantasmas, aunque nunca he saltado al vacío. Siempre he sacado fuerzas para enfrentarme a mis perseguidores y armado de rebeldía he encontrado el coraje necesario para vislumbrar un tenue rayo de esperanza al cual me aferro con fuerza para seguir luchando en la selva depredadora de la existencia.

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    1. Ciertamente no, la vida no es fácil, es bastante compleja y una continua lucha. Lo que está claro es que nunca hay que desfallecer y seguir adelante, no nos queda otra.

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