El viaje de un pequeño gorrión.

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Ven a la ciudad me dijeron, allí la vida es mucho más alegre. La ciudad está llena de vida, de colores inimaginables. En los parques,los niños corren alegremente y dan de comer a las aves que habitan en ellos.      Mi tío Renato, un gorrión presumido y altanero, que se jactaba de vivir cómodamente en la ciudad, hablaba de mil y una aventuras. De como al anochecer la ciudad se vestía de luces de todos los colores, de los deliciosos manjares que  había degustado, de la música, de tantas cosas bellas que ardía en deseos de conocer, y no lo dudé ni un segundo.    Después de discutirlo durante mucho tiempo con mis mayores, tomé la firme decisión de emprender el viaje al paraíso..... o al menos, eso creí yo.      Antes de llegar al destino soñado, pasé por algunos pueblos en los que conocí a otros gorriones jóvenes como yo.Y fue así como conocí a mis tres compañeros de viaje.
 Al igual que yo habían oído hablar de las maravillas de la gran ciudad. Así que proseguimos el viaje juntos.
      Despu…

A un viejo piano

Piano by Anemyaphotocreations

En aquel viejo piano
arrumbado en el salón,
suenan lágrimas de obertura;
preludio de un desamor.
En el pentagrama, 
las notas difusas
navegan en un mar
de corcheas sostenidas
que nadie sabe a dónde van.
Compases de un amor olvidado,
contrapunto de una pasión
que encendida a destiempo
fueron serenatas de dolor.
Ya no están aquellas manos
que acariciaban el marfil
de su cuerpo,
dulcemente y con amor.
No hablan, están mudas,
su voz el tiempo 
se la robó.
Y el viejo piano arrumbado
en aquel polvoriento salón,
solloza un réquiem por su alma,
herido y olvidado en un rincón.








Comentarios

  1. Muy buena. Si las cosas pudiesen hablar y decir lo que sienten...

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    1. Dicen que las cosas se impregnan de la esencia de la persona que en vida las poseyó....Sería interesante saberlo.

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  2. Y según he leído en alguna parte, las psicofonías se producen porque los espacios cerrados en donde ha habido gente y luego quedan vacíos, conservan entre sus muros, entre sus muebles, entre sus rendijas... el sonido de las voces de todos aquellos que los habitaron. ¿Por qué no ese piano de tu poema puede conservar las melancólicas y dulces notas que un día, quizá muy lejano, le arrancaran unas manos expertas? A lo mejor su sonido no muera nunca y sus notas sigan escuchándose hasta el fin de los tiempos porque hayan quedado impresas en todos y cada uno de los intersticios del espacio que lo albergaba.
    De cualquier manera bonito poema. Un saludo.

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    1. Sí, yo también leí algo de eso. Incluso decían que en una casa las huellas de las personas que la habían habitado permanecían en ella durante toda la vida.

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