El viaje de un pequeño gorrión.

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Ven a la ciudad me dijeron, allí la vida es mucho más alegre. La ciudad está llena de vida, de colores inimaginables. En los parques,los niños corren alegremente y dan de comer a las aves que habitan en ellos.      Mi tío Renato, un gorrión presumido y altanero, que se jactaba de vivir cómodamente en la ciudad, hablaba de mil y una aventuras. De como al anochecer la ciudad se vestía de luces de todos los colores, de los deliciosos manjares que  había degustado, de la música, de tantas cosas bellas que ardía en deseos de conocer, y no lo dudé ni un segundo.    Después de discutirlo durante mucho tiempo con mis mayores, tomé la firme decisión de emprender el viaje al paraíso..... o al menos, eso creí yo.      Antes de llegar al destino soñado, pasé por algunos pueblos en los que conocí a otros gorriones jóvenes como yo.Y fue así como conocí a mis tres compañeros de viaje.
 Al igual que yo habían oído hablar de las maravillas de la gran ciudad. Así que proseguimos el viaje juntos.
      Despu…

La trampa

Tiende su red invisible
con delicadas palabras;
música para los oídos
y licor que endulza el alma.
¡No caigas!
advierte su conciencia,
más aquellas palabras
a la prudencia doblega
y a la voluntad esclaviza.
¡No lo hagas!
pero la confianza
ya es ciega,
sumisa y esclava.
Atrapada en la red,
inmóvil y atada,
la víctima aguarda
con la ilusión frustrada
y el alma quebrada.
Allí yace inerte
sin apenas cuerpo,
ya sin nada.
En aquella maldita red
de esa maldita araña,
que de nuevo teje
buscando otra víctima
que caiga en su trampa.

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