Soñando mariposas

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Hace tiempo que rompí con la inspiración, discutimos  acaloradamente, dio un portazo y me abandonó. Cariacontecido y melancólico yo me sumí en un eterno letargo. Pero hoy algo sucedió, me quedé parado de repente extasiado mirando el amanecer teñido de colores ocres fantasía de una ciudad acariciada por el sol. De repente miles de mariposas revoloteaban a mi alrededor y jugueteando traviesas con sus alas me acariciaban el corazón.
Aspiré la brisa olor a azahar  y en el cielo surcando el horizonte en globo un  delfín y un elefante me saludaron los dos. Las nubes de algodón de azúcar bailaban alegres haciendo un corro alrededor del sol. 
Al despertarme de este hermoso sueño miré mi escritorio, en él dormían unos folios escritos en verso y un dibujo de un delfín y un elefante blanco en globo y miles de mariposas bailando a su alrededor.

La trampa

Tiende su red invisible
con delicadas palabras;
música para los oídos
y licor que endulza el alma.
¡No caigas!
advierte su conciencia,
más aquellas palabras
a la prudencia doblega
y a la voluntad esclaviza.
¡No lo hagas!
pero la confianza
ya es ciega,
sumisa y esclava.
Atrapada en la red,
inmóvil y atada,
la víctima aguarda
con la ilusión frustrada
y el alma quebrada.
Allí yace inerte
sin apenas cuerpo,
ya sin nada.
En aquella maldita red
de esa maldita araña,
que de nuevo teje
buscando otra víctima
que caiga en su trampa.

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