¿Síndrome postvacacional?

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Publicado por Domingo Descanso para Crónicas de Villatortas del Sordete.es

Tras las vacaciones nos toca reincorporarnos a la rutina de nuestro trabajo. Hay quien etiqueta a la readaptación a los horarios de trabajo  como de depresión o síndrome postvacacional, aunque yo diría que más bien habría que hablar de un problema de capacidad de adaptación y que afecta de forma diferente a cada persona en la medida de la satisfacción personal que cada uno tiene en su puesto de trabajo.    En esa readaptación me encuentro yo en estos días.  Después de una semana preparando la mudanza a un nuevo piso, ahora toca dejar de trasnochar y de levantarse a las tantas para comer a la hora que me apetezca. No queda más remedio que acostumbrarse de nuevo al horario de trabajo, aunque de momento llegues en plan sonámbulo hasta tu silla en la oficina y después te pongas en plan cerebro de besugo mirando a la pantalla durante unos minutos hasta que el inconsciente, que está bien inconsciente se despierte,  dec…

Obsesión IV

En una habitación gris y sin ventanas se encuentran Judith y María de la Riva. La iluminación es escasa, y el centro de la habitación la preside una destartalada mesa de madera y dos sillas. En un rincón hay dos viejas literas, al otro extremo un biombo de color negro oculta un pequeño lavabo y un pie de ducha. Las dos examinan minuciosamente la habitación y luego se miran la una a la otra fijamente, al principio no dicen nada. Pasado unos segundos María rompe su silencio...
-No entiendo esta situación-comenta María con cierta desesperación.
-¿Qué diablos está pasando?-pregunta enfadada Judith.
-Eso mismo me pregunto yo-le responde María.-Ignoro qué mente enferma ha tramado toda esta farsa y mucho menos qué es lo que busca.
Al instante, alguien abre la puerta de la habitación. Un encapuchado señala a Judith y le ordena que le siga. Al dirigirse hacia la puerta Judith mira hacia atrás, a María, con cara de miedo. El encapuchado la coge del brazo y la obliga a salir. Judith le propina una fuerte bofetada y el encapuchado se la devuelve. 
 Al cerrarse la puerta, María se sienta sobre la litera y preocupada por la suerte de su compañera y luego se echa a llorar.
 Judith sigue al encapuchado por un largo pasillo oscuro. Llegan hasta una habitación y al entrar encuentra a otro hombre. Mira hacia el encapuchado y luego le descubre el rostro.
-¿Qué te ha parecido mi actuación?-le pregunta sonriendo.
-¡De Óscar!-responde Alberto que la rodea por la cintura y luego la besa apasionadamente.
-¡A ver chicos, que estoy yo aquí delante!-les recuerda Julio, que no para de mirar el reloj.
-¿Aún no ha venido Javier?-pregunta Judith.
-No aún no, y empiezo a mosquearme-le responde Alberto.
-El que me da pena es el pobre de José-comenta Judith en tono de burla-sin comerlo ni beberlo está comiéndose todo el marrón él solito.
-Debes hacerte con las llaves del apartamento de María de la Riva sin que ella se dé cuenta-ordena Alberto.
-Echad en su comida algún somnífero y así me podré hacer con la llave sin problemas-propone Judith.
-¿Y si nos equivocamos y te lo tomas tú?
-A ver merluzos, traed una pizza y en mi porción ponéis más queso.
-¿Y si no le gustan las pizzas?-insiste Julio.
-Pues la echáis en la ensalada y punto-repone Judith algo molesta.
-Por cierto, habrá que pedir un rescate a la familia para que crean que el móvil de secuestro es ese-recuerda Alberto.
 Vuelve a la habitación poniendo cara de asustada. María la abraza y trata de consolarla. Judith le comenta que la han amenazado con dejarlas allí encerradas y que piensan pedir un rescate por ella.
 María se queda pensativa, si ese era el móvil del secuestro por qué escribir aquellas cartas. ¿Sería alguno de los secuestradores o era otro individuo el que las había escrito? Se siente confusa, pero no dice nada. Judith la observa como quien observa a una muestra en un microscopio.

Continuará...


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