El viaje de un pequeño gorrión.

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Ven a la ciudad me dijeron, allí la vida es mucho más alegre. La ciudad está llena de vida, de colores inimaginables. En los parques,los niños corren alegremente y dan de comer a las aves que habitan en ellos.      Mi tío Renato, un gorrión presumido y altanero, que se jactaba de vivir cómodamente en la ciudad, hablaba de mil y una aventuras. De como al anochecer la ciudad se vestía de luces de todos los colores, de los deliciosos manjares que  había degustado, de la música, de tantas cosas bellas que ardía en deseos de conocer, y no lo dudé ni un segundo.    Después de discutirlo durante mucho tiempo con mis mayores, tomé la firme decisión de emprender el viaje al paraíso..... o al menos, eso creí yo.      Antes de llegar al destino soñado, pasé por algunos pueblos en los que conocí a otros gorriones jóvenes como yo.Y fue así como conocí a mis tres compañeros de viaje.
 Al igual que yo habían oído hablar de las maravillas de la gran ciudad. Así que proseguimos el viaje juntos.
      Despu…

Obsesión IV

En una habitación gris y sin ventanas se encuentran Judith y María de la Riva. La iluminación es escasa, y el centro de la habitación la preside una destartalada mesa de madera y dos sillas. En un rincón hay dos viejas literas, al otro extremo un biombo de color negro oculta un pequeño lavabo y un pie de ducha. Las dos examinan minuciosamente la habitación y luego se miran la una a la otra fijamente, al principio no dicen nada. Pasado unos segundos María rompe su silencio...
-No entiendo esta situación-comenta María con cierta desesperación.
-¿Qué diablos está pasando?-pregunta enfadada Judith.
-Eso mismo me pregunto yo-le responde María.-Ignoro qué mente enferma ha tramado toda esta farsa y mucho menos qué es lo que busca.
Al instante, alguien abre la puerta de la habitación. Un encapuchado señala a Judith y le ordena que le siga. Al dirigirse hacia la puerta Judith mira hacia atrás, a María, con cara de miedo. El encapuchado la coge del brazo y la obliga a salir. Judith le propina una fuerte bofetada y el encapuchado se la devuelve. 
 Al cerrarse la puerta, María se sienta sobre la litera y preocupada por la suerte de su compañera y luego se echa a llorar.
 Judith sigue al encapuchado por un largo pasillo oscuro. Llegan hasta una habitación y al entrar encuentra a otro hombre. Mira hacia el encapuchado y luego le descubre el rostro.
-¿Qué te ha parecido mi actuación?-le pregunta sonriendo.
-¡De Óscar!-responde Alberto que la rodea por la cintura y luego la besa apasionadamente.
-¡A ver chicos, que estoy yo aquí delante!-les recuerda Julio, que no para de mirar el reloj.
-¿Aún no ha venido Javier?-pregunta Judith.
-No aún no, y empiezo a mosquearme-le responde Alberto.
-El que me da pena es el pobre de José-comenta Judith en tono de burla-sin comerlo ni beberlo está comiéndose todo el marrón él solito.
-Debes hacerte con las llaves del apartamento de María de la Riva sin que ella se dé cuenta-ordena Alberto.
-Echad en su comida algún somnífero y así me podré hacer con la llave sin problemas-propone Judith.
-¿Y si nos equivocamos y te lo tomas tú?
-A ver merluzos, traed una pizza y en mi porción ponéis más queso.
-¿Y si no le gustan las pizzas?-insiste Julio.
-Pues la echáis en la ensalada y punto-repone Judith algo molesta.
-Por cierto, habrá que pedir un rescate a la familia para que crean que el móvil de secuestro es ese-recuerda Alberto.
 Vuelve a la habitación poniendo cara de asustada. María la abraza y trata de consolarla. Judith le comenta que la han amenazado con dejarlas allí encerradas y que piensan pedir un rescate por ella.
 María se queda pensativa, si ese era el móvil del secuestro por qué escribir aquellas cartas. ¿Sería alguno de los secuestradores o era otro individuo el que las había escrito? Se siente confusa, pero no dice nada. Judith la observa como quien observa a una muestra en un microscopio.

Continuará...


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