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Mostrando entradas de febrero 9, 2014

¿Síndrome postvacacional?

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Publicado por Domingo Descanso para Crónicas de Villatortas del Sordete.es

Tras las vacaciones nos toca reincorporarnos a la rutina de nuestro trabajo. Hay quien etiqueta a la readaptación a los horarios de trabajo  como de depresión o síndrome postvacacional, aunque yo diría que más bien habría que hablar de un problema de capacidad de adaptación y que afecta de forma diferente a cada persona en la medida de la satisfacción personal que cada uno tiene en su puesto de trabajo.    En esa readaptación me encuentro yo en estos días.  Después de una semana preparando la mudanza a un nuevo piso, ahora toca dejar de trasnochar y de levantarse a las tantas para comer a la hora que me apetezca. No queda más remedio que acostumbrarse de nuevo al horario de trabajo, aunque de momento llegues en plan sonámbulo hasta tu silla en la oficina y después te pongas en plan cerebro de besugo mirando a la pantalla durante unos minutos hasta que el inconsciente, que está bien inconsciente se despierte,  dec…

La huida

Nubes de ceniza,
 el viento airado
mece violento
todo lo que encuentra a su paso.
Corre sin descanso,
entre peñas y matojos
sendero abajo
con los pies descalzos.
Una bruma de desesperación
le ahoga el pecho,
ahora o nunca
y sigue sin descanso.
El miedo sobre los hombros,
el corazón palpitando
una jauría enfurecida 
tras sus pasos.
Serpenteante el sendero,
jadeando de cansancio;
las piedras, en los pies
y en alma se van clavando.
La niebla de la mañana,
como humo gélido
penetra en su cuerpo
a la vez que la ocultan
como un blanco velo.
Los oye,
si, están ahí
cada vez más cerca,
pero no puede verlos
porque su miedo la ciega.
Y ella corre,
corre cada vez más rápido,
y la maleza a jirones
su vestido desgarra,
convirtiéndolo en harapos.
En sus muñecas
las cadenas pesan
y los pies ya hinchados
sangran sin compasión;
el dolor la va quebrando.
Y al llegar al precipicio
oye a sus captores 
que la van cercando.
Es ahora o nunca,
mirando al infinito
cierra los ojos
y se lanza al vacío
precipicio abajo.
El mar la recibe
acunándola en sus brazos,