Entradas

Mostrando entradas de febrero 9, 2014

El viaje de un pequeño gorrión.

Imagen
Ven a la ciudad me dijeron, allí la vida es mucho más alegre. La ciudad está llena de vida, de colores inimaginables. En los parques,los niños corren alegremente y dan de comer a las aves que habitan en ellos.      Mi tío Renato, un gorrión presumido y altanero, que se jactaba de vivir cómodamente en la ciudad, hablaba de mil y una aventuras. De como al anochecer la ciudad se vestía de luces de todos los colores, de los deliciosos manjares que  había degustado, de la música, de tantas cosas bellas que ardía en deseos de conocer, y no lo dudé ni un segundo.    Después de discutirlo durante mucho tiempo con mis mayores, tomé la firme decisión de emprender el viaje al paraíso..... o al menos, eso creí yo.      Antes de llegar al destino soñado, pasé por algunos pueblos en los que conocí a otros gorriones jóvenes como yo.Y fue así como conocí a mis tres compañeros de viaje.
 Al igual que yo habían oído hablar de las maravillas de la gran ciudad. Así que proseguimos el viaje juntos.
      Despu…

La huida

Nubes de ceniza,
 el viento airado
mece violento
todo lo que encuentra a su paso.
Corre sin descanso,
entre peñas y matojos
sendero abajo
con los pies descalzos.
Una bruma de desesperación
le ahoga el pecho,
ahora o nunca
y sigue sin descanso.
El miedo sobre los hombros,
el corazón palpitando
una jauría enfurecida 
tras sus pasos.
Serpenteante el sendero,
jadeando de cansancio;
las piedras, en los pies
y en alma se van clavando.
La niebla de la mañana,
como humo gélido
penetra en su cuerpo
a la vez que la ocultan
como un blanco velo.
Los oye,
si, están ahí
cada vez más cerca,
pero no puede verlos
porque su miedo la ciega.
Y ella corre,
corre cada vez más rápido,
y la maleza a jirones
su vestido desgarra,
convirtiéndolo en harapos.
En sus muñecas
las cadenas pesan
y los pies ya hinchados
sangran sin compasión;
el dolor la va quebrando.
Y al llegar al precipicio
oye a sus captores 
que la van cercando.
Es ahora o nunca,
mirando al infinito
cierra los ojos
y se lanza al vacío
precipicio abajo.
El mar la recibe
acunándola en sus brazos,