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Mostrando entradas de abril 6, 2014

El viaje de un pequeño gorrión.

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Ven a la ciudad me dijeron, allí la vida es mucho más alegre. La ciudad está llena de vida, de colores inimaginables. En los parques,los niños corren alegremente y dan de comer a las aves que habitan en ellos.      Mi tío Renato, un gorrión presumido y altanero, que se jactaba de vivir cómodamente en la ciudad, hablaba de mil y una aventuras. De como al anochecer la ciudad se vestía de luces de todos los colores, de los deliciosos manjares que  había degustado, de la música, de tantas cosas bellas que ardía en deseos de conocer, y no lo dudé ni un segundo.    Después de discutirlo durante mucho tiempo con mis mayores, tomé la firme decisión de emprender el viaje al paraíso..... o al menos, eso creí yo.      Antes de llegar al destino soñado, pasé por algunos pueblos en los que conocí a otros gorriones jóvenes como yo.Y fue así como conocí a mis tres compañeros de viaje.
 Al igual que yo habían oído hablar de las maravillas de la gran ciudad. Así que proseguimos el viaje juntos.
      Despu…

La traición

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Había oído muchas historias sobre aquel bosque, no obstante se iba adentrando en él. Caminaba sin rumbo, sin apenas darse cuenta. En su mente una sola imagen, la de su novia y su mejor amigo yaciendo desnudos en su cama. Hubiera querido matarlos allí mismo, pero no lo hizo, solo les gritó y les amenazó. Después se marchó dando un portazo,y empezó a caminar sin un rumbo fijo. El dolor y el desengaño por la traición le ahogaban, apenas podía respirar. El estado de ansiedad era enorme, y el dolor en el pecho era como si miles de agujas penetraran en su pecho. Cuando quiso darse cuenta estaba en ese bosque dando vueltas a lo sucedido. Lágrimas de rabia y desesperación corrían como torrentes en aquel rostro congestionado.
 Caminó por una alameda que parecía conducirle a un claro en el corazón mismo del bosque. Al llegar al claro, respiró profundamente sin reparar en nada. Un enorme pájaro aleteó a su espalda, se giró para verlo pero allí no había nadie. Al volver la vista al frente la vio, …

Persiguiendo instantes

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Quise tocar el cielo con mis manos, y cuando apenas lo rozaba caí de bruces en la realidad. Quise atrapar la felicidad, pero la muy testaruda se marchó dando un portazo. Quise volar alto emulando a las aves, pero mis alas se dieron contra el frío asfalto. Quise ser normal, pero era tan aburrido que giré y di media vuelta y me instalé en mi locura habitual. Quise hacer tantas cosas que de perseguirlas con tanto afán, me evadí de mi realidad. Y aquí sigo yo persiguiendo instantes de cordura, a veces levantando el vuelo, otras nadando en el mar de la tranquilidad.