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Mostrando entradas de abril 6, 2014

Doradas a la sal y salsas para acompañar a las doradas

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NOTA: esta receta se puede hacer con lubina, dorada y  con lisa o mújol. Y se les puede acompañar con patatas, verduras o con lo que mejor gustéis. Si quieres imprimir esta receta está disponible en:https://www.facebook.com/algomasquecuento
Ingredientes (para cuatro personas)4 doradas de 400 g. aprox. -sal para cocinar al horno (suelen ser de dos kilos y se venden en cualquier supermercado). Preparación:
   Colocamos las doradas enteras (con su piel) en una bandeja de horno cuyo fondo esté cubierto de la sal. Un truco para que no tengamos luego que pasarnos mucho tiempo limpiando sería cubrir previamente la bandeja con papel de horno y luego cubrirlo con la sal.    A continuación, cubrimos los pescados con el resto de la sal, pero atentos, tenemos que dejar el ojo del pescado al descubierto, pues cuando el ojo se ponga blanco eso nos indicará que el pescado ya está hecho.


   Una vez que lo tenemos cubiertos, lo entramos en el horno que lo habremos pre-calentado previamente, y lo pondremos a

La traición

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Había oído muchas historias sobre aquel bosque, no obstante se iba adentrando en él. Caminaba sin rumbo, sin apenas darse cuenta. En su mente una sola imagen, la de su novia y su mejor amigo yaciendo desnudos en su cama. Hubiera querido matarlos allí mismo, pero no lo hizo, solo les gritó y les amenazó. Después se marchó dando un portazo,y empezó a caminar sin un rumbo fijo. El dolor y el desengaño por la traición le ahogaban, apenas podía respirar. El estado de ansiedad era enorme, y el dolor en el pecho era como si miles de agujas penetraran en su pecho. Cuando quiso darse cuenta estaba en ese bosque dando vueltas a lo sucedido. Lágrimas de rabia y desesperación corrían como torrentes en aquel rostro congestionado.
 Caminó por una alameda que parecía conducirle a un claro en el corazón mismo del bosque. Al llegar al claro, respiró profundamente sin reparar en nada. Un enorme pájaro aleteó a su espalda, se giró para verlo pero allí no había nadie. Al volver la vista al frente la vio, …

Persiguiendo instantes

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Quise tocar el cielo con mis manos, y cuando apenas lo rozaba caí de bruces en la realidad. Quise atrapar la felicidad, pero la muy testaruda se marchó dando un portazo. Quise volar alto emulando a las aves, pero mis alas se dieron contra el frío asfalto. Quise ser normal, pero era tan aburrido que giré y di media vuelta y me instalé en mi locura habitual. Quise hacer tantas cosas que de perseguirlas con tanto afán, me evadí de mi realidad. Y aquí sigo yo persiguiendo instantes de cordura, a veces levantando el vuelo, otras nadando en el mar de la tranquilidad.