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Mostrando entradas de marzo 15, 2015

¡Maldita cobardía!

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Se encerró en su despacho, como en tantas ocasiones, con una botella de whisky sobre la mesa y dos cartas. Abrió el cajón secreto y de él sacó un viejo camafeo. Acarició la imagen con ternura y luego cerró los ojos, como hacía muchas tardes empezó a evocar su juventud, su amor, su primer y único amor. Millones de veces se había hecho la misma pregunta, ¿cómo hubiera sido mi vida de haberme casado con Elvira? Pero no fue así. Elvira era una simple criada y él era el hijo del señor y, como tal, debía casarse con Soledad, la hija del Notario. Así lo habían dispuesto sus padres y él obedeció sin oponer ninguna resistencia.
¡Maldita cobardía! se decía siempre.Cuántas veces había soñado con un destino distinto, con haberse rebelado contra aquella estúpida costumbre de clases e imposiciones absurdas, con escaparse con Elvira y su hijo. Porque Elvira estaba esperando un hijo, sí un hijo suyo, un hijo de ambos, un hijo fruto de su amor; pero él, en vez de apoyarla, fue un cobarde y un miserabl…