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Mostrando entradas de abril 26, 2015

Doradas a la sal y salsas para acompañar a las doradas

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NOTA: esta receta se puede hacer con lubina, dorada y  con lisa o mújol. Y se les puede acompañar con patatas, verduras o con lo que mejor gustéis. Si quieres imprimir esta receta está disponible en:https://www.facebook.com/algomasquecuento
Ingredientes (para cuatro personas)4 doradas de 400 g. aprox. -sal para cocinar al horno (suelen ser de dos kilos y se venden en cualquier supermercado). Preparación:
   Colocamos las doradas enteras (con su piel) en una bandeja de horno cuyo fondo esté cubierto de la sal. Un truco para que no tengamos luego que pasarnos mucho tiempo limpiando sería cubrir previamente la bandeja con papel de horno y luego cubrirlo con la sal.    A continuación, cubrimos los pescados con el resto de la sal, pero atentos, tenemos que dejar el ojo del pescado al descubierto, pues cuando el ojo se ponga blanco eso nos indicará que el pescado ya está hecho.


   Una vez que lo tenemos cubiertos, lo entramos en el horno que lo habremos pre-calentado previamente, y lo pondremos a

Para mi madre

Llega el día de las madres, y yo me pregunto: ¿Se pueden regalar rosas a las rosas? ¿Y a un ángel? ¿Qué le puedo regalar a un ángel? No lo sé. Solo sé que hay ausencias que nunca se llenan. Y luces que no se apagarán. Y eso eres tú, mi luz. La luz que disipa mis miedos, que me guía cuando me asaltan las dudas, una cálida luz que me abriga cuando el frío asola mi alma aunque físicamente no te pueda abrazar. No sé cómo continuar esta dedicatoria. Solo sé que el mejor regalo que me dio la vida fuiste tú. Desde que abrí mis ojos un veintiuno de diciembre ya te quería, y a día de hoy te sigo queriendo, aunque el destino o quien rige los destinos de este loco mundo decidió una madrugada de junio que debías partir y nos dejó con el alma tiritando. Y por más que el tiempo pasa no puedo dejar de recordarte y de quemarme con la pena de no abrazarte, de no besarte y, de contarte mis cosas o de pasear juntas como hacíamos antes. ¿Recuerdas? No sé cómo terminar. A la par que escribo se me agolpan los recuerdos, las lágrim…

No soy gilipollas, soy feliz

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Desde niño, aquellos ojos verdes y soñadores se habían convertido en objeto de bromas y de burlas. Simón, que así se llamaba, no hacía caso. Él siempre iba tarareando una canción. Como si fuese un escudo contra todo mal, esbozaba su sonrisa, una sonrisa amplía y sincera. No como la de los demás.      Fue creciendo, y Simón seguía sonriendo a la vida como si tal cosa. Se había quedado solo, aunque no del todo, una tía viuda y huraña, Angustias, se hacía cargo de él.      Al despuntar el día, Simón, se vestía con la mejor de sus sonrisas, un pantalón vaquero viejo y algo desgastado y una camisa, casi siempre de cuadros rojos y negros. Salía temprano y hacía recados a algunos vecinos del pueblo. Esa era su forma de ganar algunas monedas para subsistir. Cuando acababa sus quehaceres diarios se paseaba por el bosque estudiando escrupulosamente todo su entorno. Observaba minuciosamente el comportamiento de cada uno de los habitantes de aquel bosque de hayedos y abedules próximos al pueblo. Su…