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Mostrando entradas de abril 26, 2015

¿Síndrome postvacacional?

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Publicado por Domingo Descanso para Crónicas de Villatortas del Sordete.es

Tras las vacaciones nos toca reincorporarnos a la rutina de nuestro trabajo. Hay quien etiqueta a la readaptación a los horarios de trabajo  como de depresión o síndrome postvacacional, aunque yo diría que más bien habría que hablar de un problema de capacidad de adaptación y que afecta de forma diferente a cada persona en la medida de la satisfacción personal que cada uno tiene en su puesto de trabajo.    En esa readaptación me encuentro yo en estos días.  Después de una semana preparando la mudanza a un nuevo piso, ahora toca dejar de trasnochar y de levantarse a las tantas para comer a la hora que me apetezca. No queda más remedio que acostumbrarse de nuevo al horario de trabajo, aunque de momento llegues en plan sonámbulo hasta tu silla en la oficina y después te pongas en plan cerebro de besugo mirando a la pantalla durante unos minutos hasta que el inconsciente, que está bien inconsciente se despierte,  dec…

Para mi madre

Llega el día de las madres, y yo me pregunto: ¿Se pueden regalar rosas a las rosas? ¿Y a un ángel? ¿Qué le puedo regalar a un ángel? No lo sé. Solo sé que hay ausencias que nunca se llenan. Y luces que no se apagarán. Y eso eres tú, mi luz. La luz que disipa mis miedos, que me guía cuando me asaltan las dudas, una cálida luz que me abriga cuando el frío asola mi alma aunque físicamente no te pueda abrazar. No sé cómo continuar esta dedicatoria. Solo sé que el mejor regalo que me dio la vida fuiste tú. Desde que abrí mis ojos un veintiuno de diciembre ya te quería, y a día de hoy te sigo queriendo, aunque el destino o quien rige los destinos de este loco mundo decidió una madrugada de junio que debías partir y nos dejó con el alma tiritando. Y por más que el tiempo pasa no puedo dejar de recordarte y de quemarme con la pena de no abrazarte, de no besarte y, de contarte mis cosas o de pasear juntas como hacíamos antes. ¿Recuerdas? No sé cómo terminar. A la par que escribo se me agolpan los recuerdos, las lágrim…

No soy gilipollas, soy feliz

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Desde niño, aquellos ojos verdes y soñadores se habían convertido en objeto de bromas y de burlas. Simón, que así se llamaba, no hacía caso. Él siempre iba tarareando una canción. Como si fuese un escudo contra todo mal, esbozaba su sonrisa, una sonrisa amplía y sincera. No como la de los demás.      Fue creciendo, y Simón seguía sonriendo a la vida como si tal cosa. Se había quedado solo, aunque no del todo, una tía viuda y huraña, Angustias, se hacía cargo de él.      Al despuntar el día, Simón, se vestía con la mejor de sus sonrisas, un pantalón vaquero viejo y algo desgastado y una camisa, casi siempre de cuadros rojos y negros. Salía temprano y hacía recados a algunos vecinos del pueblo. Esa era su forma de ganar algunas monedas para subsistir. Cuando acababa sus quehaceres diarios se paseaba por el bosque estudiando escrupulosamente todo su entorno. Observaba minuciosamente el comportamiento de cada uno de los habitantes de aquel bosque de hayedos y abedules próximos al pueblo. Su…