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Mostrando entradas de abril 26, 2015

El viaje de un pequeño gorrión.

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Ven a la ciudad me dijeron, allí la vida es mucho más alegre. La ciudad está llena de vida, de colores inimaginables. En los parques,los niños corren alegremente y dan de comer a las aves que habitan en ellos.      Mi tío Renato, un gorrión presumido y altanero, que se jactaba de vivir cómodamente en la ciudad, hablaba de mil y una aventuras. De como al anochecer la ciudad se vestía de luces de todos los colores, de los deliciosos manjares que  había degustado, de la música, de tantas cosas bellas que ardía en deseos de conocer, y no lo dudé ni un segundo.    Después de discutirlo durante mucho tiempo con mis mayores, tomé la firme decisión de emprender el viaje al paraíso..... o al menos, eso creí yo.      Antes de llegar al destino soñado, pasé por algunos pueblos en los que conocí a otros gorriones jóvenes como yo.Y fue así como conocí a mis tres compañeros de viaje.
 Al igual que yo habían oído hablar de las maravillas de la gran ciudad. Así que proseguimos el viaje juntos.
      Despu…

Para mi madre

Llega el día de las madres, y yo me pregunto: ¿Se pueden regalar rosas a las rosas? ¿Y a un ángel? ¿Qué le puedo regalar a un ángel? No lo sé. Solo sé que hay ausencias que nunca se llenan. Y luces que no se apagarán. Y eso eres tú, mi luz. La luz que disipa mis miedos, que me guía cuando me asaltan las dudas, una cálida luz que me abriga cuando el frío asola mi alma aunque físicamente no te pueda abrazar. No sé cómo continuar esta dedicatoria. Solo sé que el mejor regalo que me dio la vida fuiste tú. Desde que abrí mis ojos un veintiuno de diciembre ya te quería, y a día de hoy te sigo queriendo, aunque el destino o quien rige los destinos de este loco mundo decidió una madrugada de junio que debías partir y nos dejó con el alma tiritando. Y por más que el tiempo pasa no puedo dejar de recordarte y de quemarme con la pena de no abrazarte, de no besarte y, de contarte mis cosas o de pasear juntas como hacíamos antes. ¿Recuerdas? No sé cómo terminar. A la par que escribo se me agolpan los recuerdos, las lágrim…

No soy gilipollas, soy feliz

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Desde niño, aquellos ojos verdes y soñadores se habían convertido en objeto de bromas y de burlas. Simón, que así se llamaba, no hacía caso. Él siempre iba tarareando una canción. Como si fuese un escudo contra todo mal, esbozaba su sonrisa, una sonrisa amplía y sincera. No como la de los demás.      Fue creciendo, y Simón seguía sonriendo a la vida como si tal cosa. Se había quedado solo, aunque no del todo, una tía viuda y huraña, Angustias, se hacía cargo de él.      Al despuntar el día, Simón, se vestía con la mejor de sus sonrisas, un pantalón vaquero viejo y algo desgastado y una camisa, casi siempre de cuadros rojos y negros. Salía temprano y hacía recados a algunos vecinos del pueblo. Esa era su forma de ganar algunas monedas para subsistir. Cuando acababa sus quehaceres diarios se paseaba por el bosque estudiando escrupulosamente todo su entorno. Observaba minuciosamente el comportamiento de cada uno de los habitantes de aquel bosque de hayedos y abedules próximos al pueblo. Su…