¿Síndrome postvacacional?

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Publicado por Domingo Descanso para Crónicas de Villatortas del Sordete.es

Tras las vacaciones nos toca reincorporarnos a la rutina de nuestro trabajo. Hay quien etiqueta a la readaptación a los horarios de trabajo  como de depresión o síndrome postvacacional, aunque yo diría que más bien habría que hablar de un problema de capacidad de adaptación y que afecta de forma diferente a cada persona en la medida de la satisfacción personal que cada uno tiene en su puesto de trabajo.    En esa readaptación me encuentro yo en estos días.  Después de una semana preparando la mudanza a un nuevo piso, ahora toca dejar de trasnochar y de levantarse a las tantas para comer a la hora que me apetezca. No queda más remedio que acostumbrarse de nuevo al horario de trabajo, aunque de momento llegues en plan sonámbulo hasta tu silla en la oficina y después te pongas en plan cerebro de besugo mirando a la pantalla durante unos minutos hasta que el inconsciente, que está bien inconsciente se despierte,  dec…

No soy míster Scrooge.



Solo un haz de luz me separa de la realidad, entre arrobas y algoritmos que no comprendo viajo al otro lado. 
¡Qué absurdos cuando queremos impresionar a los demás!
 ¡Fíjate en ese! ¿Será tan aburrida su vida que necesita pintarnos su vida como si fuera perfecta? 
Y tú no me lances cebos, no pienso picar. ¿Para qué quieres llamar mi atención si a continuación construyes un muro? Mejor quédate donde estás.
Qué absurdo y qué contradicción pedir privacidad cuando no te guardas nada, ni siquiera tu cuenta bancaria. ¿Ingenuidad o torpeza?
 ¿Y tú de qué vas? por qué te das por aludido/a cuando alguien publica algo si nunca fue por ti. El mundo no gira alrededor de tu ombligo. El mío no. Sencillamente dejó de importarme hace tanto que me alcanzaría el reloj de arena de tres desiertos para acordarme.  
¿Y tú? quieres dar lecciones de erudición, pero cuando navegas en otras redes de otros mares no dejas de soltar estupideces. No me seas ingenuo/a, así nunca te tomarán en serio. Puedes cabrearte, insultarme o maldecirme cuanto quieras, pero sabes que te digo la verdad. No creas yo también pequé de lo mismo.
Si crees que con airear todas las cadenas de promesas de fortuna y prosperidad vas a obtener el cielo te equivocas, no se cumplirán. La fortuna y la prosperidad hay que trabajarlas no se hallan en un eslabón de esas estúpidas cadenas que alguien creó como pasatiempo para burlarse de la superstición de los crédulos.
Ahí siguen, los veo aporreando su teclado vendiendo su falsa vida perfecta aunque sea en un mundo virtual.
 No soy míster Scrooge, tampoco ha venido el fantasma de la navidad. El haz de luz me sigue devolviendo códigos que se deslizan indescifrables por este mar de plasma extraño que nadie sabe si serán verdad.

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