Doradas a la sal y salsas para acompañar a las doradas

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NOTA: esta receta se puede hacer con lubina, dorada y  con lisa o mújol. Y se les puede acompañar con patatas, verduras o con lo que mejor gustéis. Si quieres imprimir esta receta está disponible en:https://www.facebook.com/algomasquecuento
Ingredientes (para cuatro personas)4 doradas de 400 g. aprox. -sal para cocinar al horno (suelen ser de dos kilos y se venden en cualquier supermercado). Preparación:
   Colocamos las doradas enteras (con su piel) en una bandeja de horno cuyo fondo esté cubierto de la sal. Un truco para que no tengamos luego que pasarnos mucho tiempo limpiando sería cubrir previamente la bandeja con papel de horno y luego cubrirlo con la sal.    A continuación, cubrimos los pescados con el resto de la sal, pero atentos, tenemos que dejar el ojo del pescado al descubierto, pues cuando el ojo se ponga blanco eso nos indicará que el pescado ya está hecho.


   Una vez que lo tenemos cubiertos, lo entramos en el horno que lo habremos pre-calentado previamente, y lo pondremos a

Me está mirando (VII)


-Mira Emy, este es el nuevo celador del que te hablaba, ¿verdad que es guapo?-le preguntó la señora Svenson a su hija dirigiéndose al agente Anderson. El agente esbozó una amplia sonrisa al mismo tiempo que se sonrojaba. No estaba acostumbrado a que le piropeasen.
-No es para tanto señora Svenson, soy un tipo normal, del montón-contestó quitándose importancia.
-La verdad es que no está nada mal, pero nada mal-recalcó la enfermera Johnson
La doctora se fijó ampliamente en el agente y dio su aprobación.
-Lo cierto es que sí, es un joven muy guapo y atractivo-se rió.
-Me van a sacar ustedes los colores-bromeó 
-Bueno siento ser aguafiestas, pero es hora de volver al trabajo-atajó la enfermera Johnson.
-Vaya, ahora que se empezaba a poner la cosa interesante...-dejó caer la doctora.
Al llegar a la puerta de entrada se encontraron con un paciente fuera de sí, al aproximarse para echar una mano se dio cuenta de que aquel paciente le resultaba familiar, era el sargento García. 
Anderson se quedó impresionado al verlo así aprisionado con la camisa de fuerza, por un momento llegó a pensar que su compañero estaba loco de verdad, hasta que le miró y le guiñó el ojo. Eso le hizo reaccionar y acercarse para intervenir. El director le pidió que le inyectara un potente tranquilizante y Anderson obedeció. Al cabo de unos segundos García era un corderito. 
Salió corriendo por el pasillo detrás de Johnson que iba camino de la habitación del paciente que días atrás se había intentado quitar la vida. Esta vez el Sr. Olson estaba desnudo en la oficina del doctor Andrew, de pie sobre la mesa recitaba un poema ininteligible mezclando versos de Shakespeare y otros de cosecha propia, el doctor  por su parte se hacía con toda la paciencia del mundo intentaba controlarle. Anderson y Johnson aparecieron por la retaguardia y lo neutralizaron para que el doctor Andrew pudiera medicarle. El doctor Andrew parecía agotado y algo harto.
-¡Necesito un mes de vacaciones, o dos!-exclamó visiblemente enfadado.-¡No lo aguanto, este hombre es insufrible, no puedo con él!
-Tranquilícese doctor, ya está todo-intentó calmarle la enfermera Johnson.
-No hay forma de que se tome la medicación por su cuenta y mire lo que pasa-siguió quejándose.
El doctor Andrew era un tipo joven, por su apariencia debía ser de la misma edad que Anderson, o eso le pareció a él. Las entradas se le empezaban a notar, y el pelo rubio y rizado a escasear. Normalmente era un tipo risueño, pero el estrés y algunos pacientes difíciles le alteraban en exceso, quizás debido a su inexperiencia o quizás a su juventud.
-¿Desde cuando no se toma vacaciones?-terció Anderson.
-Este año aún no me las he tomado, esperaba haberlo hecho hace quince días, pero el caso del Sr Martin impidió que me las tomara.
-¿Por qué?-insistió Anderson.
-Ni idea, órdenes del director.
-Bueno, ahora que todo ha pasado quizás sería la ocasión de pedir un descanso-propuso Johnson.
-No es mala idea, quizás lo haga, aunque no sé si será buen momento con todo lo que ha pasado.
-Bueno doctor, si no nos necesita nosotros vamos a seguir con lo nuestro-se despidió Johnson. 
Al doblar a mano derecha por el pasillo se toparon con Mac Farlane que andaba enfurruñada porque no encontraba sus gafas de cerca. Johnson y Anderson se miraron con cara de extrañeza, no se atrevieron a preguntar, tampoco hizo falta. Estaba como una posesa hablando en voz alta, los dos intentaron aguantar la risa al percatarse de que estaba buscando las gafas de cerca que colgaban de uno de los bolsillos de la bata blanca, aunque no se atrevieron a sacarla de su estado de confusión por temor a no enfadarla más de lo normal. Estaba visto que ese no era su día.

continuará.
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